jueves, 12 de junio de 2008

Telefilme

Nota del diario Los Andes posterior al estreno
“Siento en mí el espíritu de San Martín”
Por Laura Antún Fotos:
Marcos García


Alicia Mingorance; Autora, Directora y
Productora Ejecutiva de
Rutas Sanmartinianas -Telefilme


Coprotagonizado con Rodrigo Nielsen y un número significativo de primerísimos actores mendocinos





Como si de San Martín reencarnado se tratase, lo invitan a las escuelas, a reuniones institucionales y hasta a seminarios empresariales para hablar de ética, moral, educación, patria, voluntad, ideales y objetivos desde el punto de vista del Libertador. Los más chicos lo ven y le hacen preguntas que no salen en los libros de historia, de ésas que suenan absurdas pero que sirven para entender la dimensión humana del héroe. Es el Tino Neglia que los mendocinos conocemos por el teatro, por sus papeles en películas como Cleopatra o en telenovelas como Ricos y famosos; pero los espectadores creen que están ante el mismísimo General. El se toma este rol tan en serio, que cuando hace de Don José ni siquiera saluda como actor: llega y se va vestido de San Martín para no romper el hechizo, para no contaminar las enseñanzas que dejaron los escritos del prócer.

“Yo siento en mí el espíritu de San Martín”, dice Neglia. Al principio, confiesa, le costó meterse en el papel de un ser tan grande, de un héroe difícil de bajar del pede
stal. Para entrar en el personaje tuvo que ir a la montaña con frío, con calor, con viento; tuvo que entender lo que era cruzar la cordillera con una úlcera; tuvo que respirar el aire de la chacra en San Martín; tuvo que pasar horas y horas mirándose al espejo hasta acostumbrarse a la peluca y las patillas. “La primera vez que Ricardo Tello me maquilló casi me da un shock. Cuando me miré en el espejo vi al General, no podía creer el parecido. Me costó mucho acostumbrarme”, confiesa. Y finalmente lo logró: hoy encarna al Don José que todos, incluso los historiadores más instruidos, llevamos en el imaginario popular.

“Es un trabajo actoral muy loco”, afirma este intérprete experimentado, para quien el papel del General es el más grande que ha encarado en su larga vida sobre el escenario. Su particular transmutación sanmartiniana comenzó en 2001, cuando Argentina parecía estar al borde de una guerra civil. Neglia descubrió que aquellas máximas escritas en la primera mitad del siglo XIX se aplicaban perfectamente a una nación que se desmoronaba, en la que se habían usurpado hasta los ahorros de los ancianos y de los enfermos. ¿Qué sería hoy San Martín?, se preguntó Neglia. ¿Qué diría? La respuesta se vio reflejada en “José... resurrección del espíritu libertador”, el monólogo que Ricardo Amorena escribió para el unipersonal que Neglia ha llevado a los teatros durante cuatro años. A partir de ese momento, Tino se ha metido una y otra vez en la piel del Libertador, y no ha parado de representar el rol para el cine, el teatro, las escuelas y las reuniones en las que se solicita la presencia del prócer.

A principios de setiembre, se subió vestido y maquillado de Don José al escenario de un auditorio Angel Bustelo repleto como nunca. Allí presentó Rutas Sanmartinianas, una película educativa que protagoniza y que recrea la estrategia político militar de San Martín. Producido y coordinado por la Dirección de Comunicación Social del Gobierno de Mendoza, este documental, dirigido por Alicia Mingorance, muestra a un Neglia tan metido en la piel sanmartiniana que cuesta recordar que se trata de un actor.

- ¿No lo vuelve loco vivir metido en la piel de San Martín, responder como él e imaginarse qué diría él ante preguntas improvisadas?

- La verdad es que nunca termino de estudiar al personaje. Pero no me vuelvo loco. Me ha enriquecido muchísimo, me ha enseñado y me sigue enseñando muchísimo. Incluso en cosas de mi vida particular

- ¿Cómo lleva la tremenda responsabilidad de responder por un prócer y de hablar a través de él?


- Es una gran responsabilidad, pero yo no invento nada. Está todo bien plasmado y documentado en sus
escritos de puño y letra.

- ¿Cómo tomaron las asociaciones sanmartinianas y los
estudiosos de la historia su incursión en una figura tan importante para los mendocinos?

- Cuando estábamos haciendo la obra con Amorena me pidieron leerla. Yo me puse un poco susceptible, porque creí que iban a querer censurarla o vigilar lo que decíamos. Pero no. El personaje ha tenido una excelente acogida, a tal punto que he participado en “Rutas
Sanmartinianas”, un proyecto que cuenta con el apoyo del Gobierno de Mendoza.

- Si se pone ya en la piel de San Martín ¿qué frase aplicaría a la crisis que pasó la Argentina?

-Para lo que pasó en los años ‘90 diría: “No puedo concebir que haya americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a la patria”. También recalcaría, para hoy, que no puedo concebir las peleas entre hermanos. Las rencillas políticas no nos llevan a ninguna parte.

- ¿Cree que la clase política lee estas máximas?

- Algunos pocos sí, pero debería ser obligatorio para todos. San Martín iba detrás de un objetivo claro, no defendía sus intereses particulares... Ahora es difícil encontrar esto.

- ¿Qué diría a los dirigentes actuales?


- “Antes sacrificaría mi existencia que echar una mancha sobre mi vida pública que se pudiera interpretar por ambición”.


- ¿Está de acuerdo con la definición del historiador Felipe Pigna, que aseg
ura que era un subversivo?

- Totalmente. Pero en el sentido de subvertir, no en el sentido que se le dio a la palabra en los ‘70. Él supo insurreccionar a los pueblos en contra de los colonizadores de turno, supo proponer la declaración de principios que explican el origen y tendencia de esa insurrección. Él recalcó la importancia de llamarnos independientes para que nos conozcan y nos respeten. También fue liberal, pero no en el sentido
que se le dio a la palabra en la década pasada. Comprendió que ser libertador es más importante que ser conquistador, porque incluye el bien común del pueblo.

- ¿Qué haría hoy el General?

- Armaría otro ejército libertador, para librarnos de aquellos que se empeñan en hacernos vivir en la ignorancia. Pero no con armas. Creo que se enfocaría en la educación, que es la clave para conseguir la libertad de los pueblos. “La biblioteca destinada a l
a educación universal es más poderosa que nuestros ejércitos”. Él hablaba del cuidado celoso de la formación intelectual de los hijos y de los jóvenes, de los que heredarán la tierra que dejamos.

- ¿Cree que los cuyanos somos conscientes de la epopeya que se gestó en esta tierra?

-Las nuevas generaciones no. No creo que dimensionen lo que sucedió en Cuyo. Pero la culpa no es de ellos. Les enseñamos una historia lejana y aburrida, protagonizada por un prócer de bronce, plagada de fechas y de nombres que hay que memorizar.

- ¿Cómo reaccionan los chicos cuando hace de San Martín en las escuelas?


-Prestan mucha atención, les gusta. He ido a varias escuelas rurales y se apasionan, porque ven a un prócer más humano, al que le pueden pregunt
ar cualquier cosa, no sólo las frías fechas y nombres de batallas de los manuales. Ven que un hombre de carne y hueso fue el que armó una de las gestas más grandes de la historia universal.

- ¿Cuál ha sido la experiencia más impresionante que ha pasado en la piel del Libertador?

- Todas son conmovedoras. Pero hubo una hace poco que me impresionó. Me llamaron para una convención empresarial en Uspallata. Entré en medio de un almuerzo multitudinario caracterizado como San Martín. Hablé y me hicieron preguntas como si fuera él. Hay gente que terminó llorando. Creo que es importante mantener vivo su espíritu y sus enseñanzas, más en esta época.

- Usted comenzó a meterse en el personaje en plena crisis. ¿Cree que ahora estamos mejor?

- Sí. Estamos mejor. Me doy cuenta en pequeñas cosas. Como ir a hacer San Martín en una escuela de adultos del Campo Papa y ver que se interesan, que son receptivos, que se conmueven con las enseñanzas del general. Que no son sólo los chicos los que estudian, sino que los padres de los chicos, ellos también quieren salir de la ignorancia, quieren instruirse. Creo que este es un gran indicador de que estamos saliendo, lentamente, de la debacle .

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